Sabes que tienes que hacerlo, pero sigues dejándolo para después

Sabes que aplazar una tarea puede complicarte las cosas después, pero aun así la dejas para otro momento. Entender qué hay detrás de la procrastinación puede ayudarte a reconocer este patrón y encontrar formas diferentes de responder.

La tarea está ahí. Sabes que no va a desaparecer y que aplazarla probablemente hará que después tengas menos tiempo. Aun así, revisas el teléfono, haces otra cosa o te dices que empezarás “en un rato”.

Entonces aparece una pregunta bastante lógica: si sabemos que dejar algo para después puede perjudicarnos, ¿por qué seguimos haciéndolo?

La respuesta no es simplemente falta de disciplina o de interés. La procrastinación puede entenderse como el aplazamiento innecesario de una tarea a pesar de saber que hacerlo puede traer consecuencias negativas y una de las claves para comprenderla está en algo que ocurre mucho antes de la fecha límite: cómo nos sentimos frente a aquello que tenemos que hacer.

A veces no evitamos la tarea, sino lo que sentimos al hacerla

Piensa en una actividad que llevas varios días aplazando. Tal vez es difícil, aburrida, larga o poco clara. Quizás temes equivocarte, no sabes por dónde empezar o simplemente anticipar todo lo que tendrás que hacer ya genera malestar, en ese momento hacer otra cosa puede resultar mucho más atractivo.

Dejar la tarea para después produce algo importante: alivio inmediato. Por unos minutos dejamos de enfrentarnos al aburrimiento, la frustración, la inseguridad o la incomodidad que esa actividad estaba generando. Por eso, la procrastinación puede funcionar como una forma de regular cómo nos sentimos a corto plazo: evitamos temporalmente aquello que nos resulta desagradable, aunque ese alivio momentáneo pueda complicarnos las cosas después.

Esta es una de las explicaciones más estudiadas de la procrastinación: ante una tarea desagradable, podemos priorizar sentirnos mejor en el presente aunque sepamos que nuestro “yo del futuro” tendrá que asumir las consecuencias.

El problema es que el alivio dura poco

Imagina que tienes que preparar una presentación importante.

Piensas: “No sé cómo empezar”. Aparece cierta tensión. Abres una red social “solo cinco minutos” y, momentáneamente, esa sensación disminuye.

Eso funciona… pero únicamente a corto plazo.

La presentación continúa pendiente. Cuando vuelves a pensar en ella, ahora quizá tienes menos tiempo, más presión y pensamientos como “debí haber empezado antes”. La tarea puede sentirse todavía más desagradable y volver a evitarla resulta tentador.

Así puede formarse un círculo:

Tarea → malestar → aplazamiento → alivio momentáneo → más presión → mayor malestar.

Entonces, ¿organizarse mejor no sirve?

Sí puede servir. Una agenda, establecer prioridades o dividir una actividad grande en pasos más pequeños pueden facilitar mucho las cosas. Pero organizar el tiempo no siempre resuelve aquello que nos lleva a evitar una tarea.

Puedes tener perfectamente anotado que comenzarás a las 4:00 p. m. y, cuando llega la hora, seguir sintiendo ganas de hacer cualquier otra cosa.

Por eso, además de preguntarte “¿cómo organizo mejor mi tiempo?”, puede ser útil hacerte otra pregunta:

“¿Qué aparece en mí cuando pienso en empezar esto?”

Tal vez encuentres aburrimiento, miedo a equivocarte, frustración, inseguridad, cansancio o pensamientos como “tengo que hacerlo perfecto” o “esto va a ser demasiado difícil”. Identificarlo no hace desaparecer automáticamente la procrastinación, pero permite entender mejor qué está manteniendo el aplazamiento.

No necesitas tener ganas para empezar

Hay otra trampa frecuente: esperar a sentir suficiente motivación.

“Cuando tenga más energía empiezo.”
“Mañana voy a estar más concentrado.”
“Cuando me sienta preparado lo hago.”

A veces esa motivación llega, otras veces no.

Una alternativa es reducir el tamaño del primer paso. En lugar de plantearte “tengo que terminar el informe”, puedes comenzar por abrir el documento y escribir tres ideas. En lugar de “tengo que estudiar todo el capítulo”, empezar por leer dos páginas.

El objetivo no es engañarte ni obligarte a terminarlo todo. Es hacer que empezar sea suficientemente pequeño y concreto como para que la barrera inicial sea menor.

Un momento para ponerlo en práctica

Este ejercicio es únicamente psicoeducativo y no sustituye una evaluación o atención psicológica.

Piensa en una tarea concreta que estés aplazando y completa estas preguntas:

1. ¿Qué estoy dejando para después?
Descríbelo de la forma más concreta posible.

2. ¿Qué aparece cuando pienso en hacerlo?
Observa emociones, sensaciones o pensamientos: aburrimiento, ansiedad, frustración, cansancio, miedo a equivocarte, “no sé por dónde empezar”…

3. ¿Qué hago para alejarme momentáneamente de ese malestar?
Redes sociales, otra tarea, videos, dormir, revisar mensajes, seguir planificando sin comenzar…

4. ¿Qué alivio obtengo al aplazarlo y qué costo aparece después?

5. ¿Cuál sería el paso más pequeño que puedo hacer ahora?
No terminar. Empezar.

La idea no es juzgarte por haber procrastinado, sino observar qué ocurre entre el momento en que aparece una tarea y el momento en que decides posponerla.

Entender antes que castigarse

Procrastinar ocasionalmente forma parte de experiencias bastante comunes. El problema aparece cuando aplazar se convierte en un patrón que interfiere repetidamente con el estudio, el trabajo, las responsabilidades, los objetivos personales o el bienestar.

En esos casos, repetirse “tengo que tener más disciplina” puede quedarse corto. Puede ser más útil comprender qué hace tan difícil acercarse a determinadas tareas y qué mantiene el ciclo de evitación.

Porque muchas veces el primer paso para dejar de aplazar no consiste en exigirte más.

Consiste en entender qué estás evitando cuando evitas empezar.

Referencias

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Sirois, F. M., & Pychyl, T. A. (2013). Procrastination and the priority of short-term mood regulation: Consequences for future self. Social and Personality Psychology Compass, 7(2), 115–127. https://doi.org/10.1111/spc3.12011

Van Eerde, W., & Klingsieck, K. B. (2018). Overcoming procrastination? A meta-analysis of intervention studies. Educational Research Review, 25, 73–85. https://doi.org/10.1016/j.edurev.2018.09.002

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