Dormir bien también es cuidar la salud mental

Dormir bien es parte del cuidado de nuestra salud mental. Conocer nuestros hábitos de sueño y hacer pequeños cambios puede ayudarnos a favorecer un descanso más saludable.

Dormir suele verse simplemente como el momento en que terminamos el día y recuperamos energía para el siguiente. Sin embargo, el sueño cumple funciones importantes para nuestro funcionamiento físico y psicológico. Probablemente hemos notado que, después de una mala noche, podemos sentir más cansancio, tener dificultades para concentrarnos o afrontar de manera diferente las demandas cotidianas. Una noche así no significa que exista un problema, pero cuando las dificultades para descansar se vuelven frecuentes, vale la pena prestarles atención.

Además, dormir bien no consiste únicamente en alcanzar un determinado número de horas. La duración, la calidad y la regularidad del sueño también importan. Podemos pasar suficiente tiempo en la cama y aun así despertarnos con la sensación de no haber descansado, tener despertares frecuentes o mantener horarios muy diferentes de un día a otro. Por eso, observar cómo estamos durmiendo suele ser más útil que concentrarnos exclusivamente en contar horas.

El sueño y la salud mental tienen una relación cercana. Atravesar periodos de estrés, preocupación o malestar emocional puede dificultar conciliar o mantener el sueño. Al mismo tiempo, cuando dormir mal se convierte en algo persistente, puede afectar procesos como la atención, la concentración y la regulación de nuestras emociones, lo que también puede repercutir en el rendimiento académico o laboral.

Aunque no podemos controlar exactamente cómo dormiremos cada noche, sí podemos crear condiciones que favorezcan el descanso. Mantener horarios relativamente regulares para acostarnos y levantarnos ayuda a nuestro organismo a mantener un ritmo estable. También puede ser útil limitar el consumo de cafeína durante las horas previas a dormir, especialmente si somos sensibles a sus efectos; realizar actividad física durante el día; y procurar que el lugar donde dormimos sea oscuro, tranquilo y confortable.

También conviene prestar atención a lo que ocurre durante las últimas horas del día. La exposición a luz intensa durante la noche puede interferir con las señales que preparan al organismo para dormir. Por eso, reducir el uso de dispositivos electrónicos y la exposición a luz brillante antes de acostarnos puede favorecer el descanso, especialmente cuando su uso prolonga la hora de dormir o nos mantiene mentalmente activados. No se trata necesariamente de eliminar cualquier pantalla a una hora exacta, sino de observar si nuestros hábitos nocturnos están dificultando que el cuerpo y la mente disminuyan progresivamente su nivel de activación.

Estas recomendaciones tampoco deberían convertirse en otra fuente de presión. Tener una rutina adecuada no garantiza dormir perfectamente todas las noches, y despertarnos ocasionalmente o tardar más de lo habitual en conciliar el sueño puede ocurrir. Intentar controlar excesivamente el sueño o preocuparnos constantemente por cuánto deberíamos dormir puede hacer que el momento de ir a la cama se convierta en una nueva preocupación. El objetivo es favorecer condiciones para descansar, no perseguir un sueño perfecto.

Hay momentos, sin embargo, en los que los consejos generales pueden dejar de ser suficientes. Si durante varias semanas las dificultades para conciliar o mantener el sueño se repiten, despertarse antes de lo esperado se vuelve frecuente o el descanso empieza a afectar de manera importante la energía, la concentración, el estado emocional o las actividades cotidianas, puede ser conveniente buscar ayuda profesional. Una valoración permite comprender mejor qué está ocurriendo y determinar qué tipo de apoyo puede ser necesario.

Un momento para observar tu descanso

Esta práctica tiene un propósito psicoeducativo y no sustituye una evaluación ni un proceso de atención profesional.

En lugar de valorar tu sueño únicamente por cómo dormiste anoche, piensa en cómo ha sido durante las últimas semanas.

Pregúntate:

¿Mis horarios para dormir y despertar suelen ser relativamente regulares?

¿Qué hago habitualmente durante las horas anteriores a dormir?

¿Hay algo (como la cafeína, las pantallas, las preocupaciones o mis horarios) que parece dificultar mi descanso?

¿Cómo noto mi descanso durante el día en mi energía, concentración o estado emocional?

El objetivo no es calificar tu sueño como “bueno” o “malo”. Se trata de identificar patrones y elegir, si es necesario, un pequeño cambio que puedas probar durante los próximos días y observar si produce alguna diferencia.

En Grupo TBE entendemos que cuidar la salud mental también implica prestar atención a nuestro descanso. No podemos controlar cada noche cómo vamos a dormir, pero sí podemos reconocer la importancia del sueño, favorecer hábitos que lo faciliten y buscar apoyo cuando las dificultades comienzan a mantenerse o afectar nuestra vida cotidiana.

Referencias

Kalkanis, A., Lenkens, D., Steiropoulos, P., & Testelmans, D. (2025). Sleep regularity as an important component of sleep hygiene: A systematic review. Sleep Medicine Reviews, 84, 102203. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2025.102203

Scott, A. J., Webb, T. L., Martyn-St James, M., Rowse, G., & Weich, S. (2021). Improving sleep quality leads to better mental health: A meta-analysis of randomised controlled trials. Sleep Medicine Reviews, 60, 101556. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2021.101556

Gardiner, C., Weakley, J., Burke, L. M., Roach, G. D., Sargent, C., Maniar, N., Townshend, A., & Halson, S. L. (2023). The effect of caffeine on subsequent sleep: A systematic review and meta-analysis. Sleep Medicine Reviews, 69, 101764. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2023.101764

Chang, A.-M., Aeschbach, D., Duffy, J. F., & Czeisler, C. A. (2015). Evening use of light-emitting eReaders negatively affects sleep, circadian timing, and next-morning alertness. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(4), 1232–1237. https://doi.org/10.1073/pnas.1418490112

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